La generosidad es la propensión del animo de una persona a ser útil e interesada a otro ser mostrando nobleza, valor y esfuerzo. Las personas generosas son nobles, desprendidas y dadivosas.
martes, 8 de noviembre de 2016
VALOR DE LA SEMANA: GENEROSIDAD
EL LADRÓN DE ROSAS
Hace ya muchos días que la señora
Josefina se levanta por las mañanas y lo primero que hace es ir a ver su jardín
para comprobar que están todas sus flores.
- ¡Otra vez que ha venido el muy granuja! – gritó en alto Josefina.
- ¿Qué ha pasado? – Contestó asomando la cabeza por la ventana Jerónimo, su vecino-.
- ¡Qué me han robado otra rosa blanca del jardín! Y con esta ya van seis. Me voy a tener que comprar un perrito que me ayude a vigilar mis plantas. ¿Quién podrá ser?
- Cualquiera por gastarte una broma, Josefina. No le des más importancia e intenta tener los arbustos más altos para que nadie pueda saltar a tu jardín.
Resignada, Josefina entró en casa y se sentó en el salón a tomar un té. Pero no dejaba de pensar cómo podía hacer para pillar al ladrón. Cuando ya solo quedaba un sorbo dentro de la taza caliente se dijo así misma:
- ¡Ya lo sé! Colocaré una cuerda alrededor de mis rosales y aquel que se atreva a cruzar entre ellos para robarme una rosa se quedará atado a alguno de los hilos y así podré saber quién es.
Josefa se imaginaba a todo tipo de ladrones. Altos con larga barba negra y un enorme saco marrón, posibles piratas con anchos gorros y calaveras pintadas, vecinos encapuchados que tenían envidia de sus rosas….
De modo que Josefina colocó su trampa y se fue a dormir.
A la mañana siguiente Josefina se despertó temprano para ir corriendo al jardín, pero cuando llegó allí e hizo un recuento de todas sus rosas vio que no faltaba ninguna. Le dio pena porque tenía ganas de descubrir quién era su ladrón de rosas.
A la noche siguiente Josefina volvió a tensar bien los cables e incluso decidió poner junto a los arbustos un bote de pintura para que el posible ladrón al saltarlos tirará el bote de pintura y así llevará alguna marca al volver a su casa.
Se metió en la cama y cuando estaba sumida en un profundo sueño de repente se oyó un: ¡Plooof!
- ¡Ay, dios mío! ¡Es él! ¡Aquí está el ladrón! – Se dijo Josefina. Tendré que asomarme al balcón y llamar a la policía.
Cuál fue su sorpresa cuando lo que encontró fue a una niña del barrio con sus largas trenzas rubias llenas de pintura naranja y un lío de cuerdas entre las piernas. Josefina bajó enseguida las escaleras y salió al jardín.
- Pero bueno, niña. ¿Así que eres tú la ladrona de rosas?. Menudo misterio. ¿Por qué haces esto?
- Perdone señora. Es que mi abuelita está enferma y triste y le encantan las rosas blancas y como no tenía dinero y ví que usted tenía tantas en su jardín... pensé que no pasaría nada si cogía alguna para ella… Le pido perdón, no tenía que haberlo hecho - le dijo la niña realmente arrepentida.
- Vaya…Si es por eso no te preocupes. Puedes venir y pedirme rosas siempre que quieras. Juntas elegiremos la más bonita para que tu abuelita sonría y mejore.
La niña le dio las gracias y un gran abrazo a Josefina y además aprendió desde aquel día que siempre es mejor decir la verdad a los mayores.
lunes, 31 de octubre de 2016
VALOR DE LA SEMANA: PAZ
Frase
de la semana
Si no estamos en paz con nosotros mismos, no
podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz.
Las pinturas sobre la paz
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que
pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero
solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre
ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto
donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se
encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron
esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y
descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso
aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso
torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente,
vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En
este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta
caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido...
- ¿Paz perfecta...?
- ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda.
- ¿Sabes por qué?
Explicó el rey: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos,
sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar
en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón.
Este es el verdadero significado de la paz."
martes, 25 de octubre de 2016
DÍA DULCE DE LA NIÑEZ

🍭Celebremos en familia esté 29 de octubre en la Plaza de Bolívar el día dulce de la niñez. ¡Te esperamos a partir de las 2:00 p.m.!
🌈
🎃
jueves, 20 de octubre de 2016
VALOR DE LA SEMANA: LA LEALTAD
El príncipe y el mendigo
Hace mucho tiempo vivió un niño muy pobre llamado Tom. Tom era un niño muy bueno que, a pesar de no tener ningún juguete, era muy feliz.
Un día, a Tom se le ocurrió ir al palacio real al ver el cambio de guardia. Aunque hacía mucho frío, a Tom le gustaba ver a los guardias, tan disciplinados y bien vestidos.
Mientras Tom miraba maravillado a los guardias, uno de ellos, al verlo sucio y harapiento, le dijo que se fuera. Iba a hacerlo cuando, de repente, alguien se lo impidió.
-¡Niño, no te vayas! -dijo el personaje misterioso-. Ven conmigo. Vamos a jugar.
El personaje misterioso, que era un niño de la misma edad que Tom, resultó ser el príncipe.
Eduardo ,que así se llamaba el príncipe, a pesar de tener todos los lujos imaginables, era un niño infeliz, porque no tenía a nadie de su edad con quien jugar.
Eduardo y Tom lo pasaron muy bien jugando juntos. De repente, mirándose en el espejo, se dieron cuenta de que se parecían mucho. Se acercaron más al espejo. Tom se limpió un poco la cara. Eduardo se quitó sus adornos de la cabeza.
-¡Somos idénticos! -gritaron los dos niños a la vez.
-Me gustaría cambiarme por ti un día -dijo el príncipe-. Estoy muy solo y aburrido. Quiero saber por qué tú, siendo pobre, eres feliz y por qué yo, siendo rico, vivo siempre triste.
Tom no podía creer que el príncipe quisiera vivir rodeado de miseria ni siquiera un día, pero aceptó para complacerle. Se cambiaron la ropa y el príncipe se fue.
A Tom le gustaba esa vida. Comía todo lo que quería, dormía caliente, estaba limpio y todo el mundo le adulaba. Tenía juguetes y libros, tocaban música solo para él y podía disfrutar de un hermoso jardín.
Eduardo también disfrutó de poder trabajar con sus manos, ser acariciado por las manos de una madre y jugar con otros niños en la calle, sin guardias encima de él todo el día.
Un día, un conde malvado enemigo del rey descubrió que Tom no era el verdadero príncipe. Pero, en vez de revelarlo, decidió trazar un plan para hacerse con el poder, aprovechando que el rey estaba enfermo.
El conde malvado encerró a Tom, al que todos creían el príncipe, y dijo que había desaparecido. Así el reino se quedaba sin heredero y, como el rey no podía gobernar, alguien tenía que hacerlo.
El conde se las ingenió para hacerse con el poder y empezó a preparar su ceremonia de coronación.
Lo que no sabía el conde es que había un guardia que estaba al tanto de todo. Este guardia sabía lo que se proponían los niños desde el primer momento, y no había perdido ojo de lo que pasaba, pero no había dicho nada para respetar el deseo del príncipe.
El guardia fiel fue a buscar al verdadero príncipe y le contó lo que pasaba. Pero la familia de Tom no se creía lo que el niño contaba. El tiempo pasaba y había que hacer algo.
Con mucho esfuerzo, Tom logró escaparse de la celda justo a tiempo para interrumpir la ceremonia de coronación del conde.
En ese tiempo, Eduardo y el guardia consiguieron convencer a los padres de Tom y, acompañados de algunos vecinos, se acercaron al palacio para derrocar al conde.
Cuando Eduardo, vestido de mendigo, llegó al salón del trono y se acercó a Tom, todo el mundo se quedó mudo. Unos minutos después se oyó decir:
-No es posible. ¡Son idénticos!
Eduardo y Tom explicaron a todos lo sucedido. Eduardo fue coronado rey y, como agradecimiento a su lealtad, nombró a Tom caballero.
Un día, a Tom se le ocurrió ir al palacio real al ver el cambio de guardia. Aunque hacía mucho frío, a Tom le gustaba ver a los guardias, tan disciplinados y bien vestidos.
Mientras Tom miraba maravillado a los guardias, uno de ellos, al verlo sucio y harapiento, le dijo que se fuera. Iba a hacerlo cuando, de repente, alguien se lo impidió.
-¡Niño, no te vayas! -dijo el personaje misterioso-. Ven conmigo. Vamos a jugar.
El personaje misterioso, que era un niño de la misma edad que Tom, resultó ser el príncipe.
Eduardo ,que así se llamaba el príncipe, a pesar de tener todos los lujos imaginables, era un niño infeliz, porque no tenía a nadie de su edad con quien jugar.
Eduardo y Tom lo pasaron muy bien jugando juntos. De repente, mirándose en el espejo, se dieron cuenta de que se parecían mucho. Se acercaron más al espejo. Tom se limpió un poco la cara. Eduardo se quitó sus adornos de la cabeza.
-¡Somos idénticos! -gritaron los dos niños a la vez.
-Me gustaría cambiarme por ti un día -dijo el príncipe-. Estoy muy solo y aburrido. Quiero saber por qué tú, siendo pobre, eres feliz y por qué yo, siendo rico, vivo siempre triste.
Tom no podía creer que el príncipe quisiera vivir rodeado de miseria ni siquiera un día, pero aceptó para complacerle. Se cambiaron la ropa y el príncipe se fue.
A Tom le gustaba esa vida. Comía todo lo que quería, dormía caliente, estaba limpio y todo el mundo le adulaba. Tenía juguetes y libros, tocaban música solo para él y podía disfrutar de un hermoso jardín.
Eduardo también disfrutó de poder trabajar con sus manos, ser acariciado por las manos de una madre y jugar con otros niños en la calle, sin guardias encima de él todo el día.
Un día, un conde malvado enemigo del rey descubrió que Tom no era el verdadero príncipe. Pero, en vez de revelarlo, decidió trazar un plan para hacerse con el poder, aprovechando que el rey estaba enfermo.
El conde malvado encerró a Tom, al que todos creían el príncipe, y dijo que había desaparecido. Así el reino se quedaba sin heredero y, como el rey no podía gobernar, alguien tenía que hacerlo.
El conde se las ingenió para hacerse con el poder y empezó a preparar su ceremonia de coronación.
Lo que no sabía el conde es que había un guardia que estaba al tanto de todo. Este guardia sabía lo que se proponían los niños desde el primer momento, y no había perdido ojo de lo que pasaba, pero no había dicho nada para respetar el deseo del príncipe.
Con mucho esfuerzo, Tom logró escaparse de la celda justo a tiempo para interrumpir la ceremonia de coronación del conde.
En ese tiempo, Eduardo y el guardia consiguieron convencer a los padres de Tom y, acompañados de algunos vecinos, se acercaron al palacio para derrocar al conde.
Cuando Eduardo, vestido de mendigo, llegó al salón del trono y se acercó a Tom, todo el mundo se quedó mudo. Unos minutos después se oyó decir:
-No es posible. ¡Son idénticos!
Eduardo y Tom explicaron a todos lo sucedido. Eduardo fue coronado rey y, como agradecimiento a su lealtad, nombró a Tom caballero.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
VALOR DE LA SEMANA: LA AMISTAD
El león y el ratón
Después de un largo
y soleado día de caza, un león, con una gran melena marrón y unas fuertes
garras, se echó a descansar debajo de una enorme acacia en medio de la sabana.
Cuando se estaba a punto de quedarse dormido, unos simpáticos y divertidos
ratones, se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a divertirse y hacer
juegos a su alrededor.
De pronto, el más
travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan
mala suerte que lo despertó sin él quererlo.
Muy malhumorado por
ver su siesta interrumpida, el león atrapó al ratón entre sus garras y dijo
dando un rugido:
-¿Cómo te atreves a
perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la
lección!- El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando:
- Por favor no me
mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente
agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites – ¡Ja, ja, ja! – se rió el león mirándole - Un
ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír! Pero
el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y
su valentía, le dejó marchar. Unos días después, mientras el ratón paseaba por
el bosque, oyó unos terribles rugidos que hacían temblar las hojas de los
árboles.
Rápidamente corrió
hacia lugar de donde provenía el sonido, y se encontró allí al león, que había
quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda, le
dijo:
- No te preocupes,
yo te salvaré.
Y el león, sin
pensarlo le contestó:
- Pero cómo, si eres
tan pequeño para tanto esfuerzo. El ratón empezó entonces a roer la cuerda de
la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. El ratón le
dijo:
- Días atrás, te
burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora
es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.
El león no tuvo
palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos fueron amigos
para siempre. Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla
con nosotros y los demás padres, estaremos encantados de recibirla.
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